Historias que nunca terminé.

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1.

La vida siempre será injusta para los adolescentes, para los adultos y para los ancianos.
Esta es la historia de Rebe, Sam y Theo. Tres personas que se han encontrado en un tiempo y espacio diferentes a nuestra realidad.
Parecía que estábamos hechos de alguna materia pegajosa, que nos impedía tomar caminos diferentes, como si el pegamento que adhería nuestros corazones, no se quitará con los años, con otras relaciones o con infinidad de cartas y cuentos que he escrito.
Estábamos pegados, para siempre. Nunca creí que funcionara mi hilo rojo, nunca creí que tuviera algo del otro lado del universo que estuviera sintiendo lo mismo que yo, pero sin mi.

2.

Eran las 4 am, y seguía repitiendo en mi mente “esto no debió haberme pasado”
Estaba regresando a casa después de una larga cita con mi novia, habíamos cenado con sus padres, y luego nos escapamos al cinito al aire libre cerca de la calle Narvarte. Olía a acera mojada, a la húmeda y fresca noche recién rociada de llovizna.
Se sentían fríos mis dedos y también mi nariz. Me acomodé…

3.

¿Nunca les he contado por qué odio las películas en primera persona?
Cuando era pequeña, siempre jugaba con los bichos. Siempre a los más débiles los dividía a la mitad con un alfiler para ver cómo era su interior.
Un día, vi un gusano transparente, y aunque veía su pequeñísimos órganos, fui por un alfiler con bolita de color amarillo, para poder abrirlo. Siempre me encantaba ver cómo se retorcían aquellos seres, era todo como una película. Como una película en primera persona, yo era la toma del doctor mientras operaban al paciente, en este caso era al gusano. Yo me acercaba cada vez más y era el close up que le hacía. Parpadeaba, y enfocaba mejor la toma. Todo, en un plano secuencia. Sin cortes.
Ahora, que soy adulta, me doy cuenta que es igual.
Tal vez no descuartizo bichos, ni mucho menos personas. Pero, puedo ver como mi propia película en primera persona inicia desde que amanezco hasta que cierro los ojos al dormir.
¿Nunca se han fijado de eso?
Miren sus pies ahora, miren sus manos. ¿Pueden verse la cara ahora mismo sin necesidad de un espejo? ¿Verdad que no?
Desde aquel entonces, he tenido la sospecha que los actores y los directores de arte son una gran estafa.
No tiene sentido hacer de tu vida, una serie de fragmentos ocurridos a otra persona.
¿Por qué no hacer los propios?

4.

Había sido una noche muy alocada, había bebido demasiado y quería seguir haciéndolo. No quería parar de verlo. Y aunque no fuera el hombre más atractivo, lo era para mí desde que empecé a morder mi labio inferior y no sentí dolor. Desde aquel momento que lo vi. Desde la primera vez que me dirigió la palabra.
La insoportable faceta que tenía lo volvía irresistible, y por más que él fuera el indicado en muchas cosas, no lo era por una sola razón… porque tenía a alguien más.
Nunca se lo dije, pero en muchas noches soñaba constantemente con sus manos sobre mi cuerpo, con sus labios sobre los míos y con sus ojos viéndome fijamente al amanecer.
Nunca se lo dije, pero odiaba ver cómo se iba todas las tardes con alguien que no era yo.
Alguien que no lo merecía. Y nunca lo hizo.
Probablemente yo tampoco lo merezca, y no esté en nuestro futuro ser algo más que lo que ocurrió esa noche. Pero en el momento, siempre pensamos que las cosas imposibles, las cosas que no se pueden hacer realidad, se hacen. Como magia de una noche que a la mañana siguiente se vuelve un caos.
Pero a mí, siempre me gustó su caos, sus desastres, sus problemas, sus debilidades, su forma estúpida de sonreírle a los momentos importantes, y la forma cruda de ocultar sus sentimientos, y suponer que sólo él los tenía. Nunca se dio cuenta de los míos. Hasta hoy.
Siempre valoré la complicidad que teníamos en la mirada cada que nos veíamos. Siempre acordamos no decirlo con palabras, decirlo con el día a día, con la comodidad de nuestra presencia en un mismo lugar. Con rozar nuestra piel por equivocación de vez en cuando cada que nos hiciera falta un abrazo, con jugar a que éramos amigos, a que éramos mejores amigos. A que siempre nos vieron como los mejores amigos.
Esa noche, lo echamos todo a perder. Yo seguía insistiendo para que ocurriera, y él sólo pensaba en otra persona. Nunca fui su primera opción. Siempre pensó en mí como amiga, después de todo. Tal vez estaba sintiendo lo mismo que empezó a sentir conmigo, pero con otra. O tal vez sólo lo hacía por dejarse llevar. No entenderé ni sabré nunca. Sólo entendí que esa noche, sentimos lo mismo, quisimos lo mismo.

No le pedí que pretendiéramos. En realidad, para él nada había ocurrido, y para mí, iba a ser una noche que se repetiría en mis pensamientos y sueños siempre. Tal vez lo piense al querer besar a otra chica, o tal vez no.
Finalmente, ¿Cómo descubres que quieres algo después de haberlo perdido todo?

 

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2 pensamientos en “Historias que nunca terminé.

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